domingo, 5 de abril de 2009

El G-20: Mucho ruido y pocas nueces


Una Cumbre sin altura.
Jesús Ríos
Editor

Los salvadores del mundo han decidido inundar el sistema de dinero y de gasto público. A esto los líderes de esta farsa le han llamado "nuevo orden global". ¿Devolverá esta lluvia de dinero la confianza a los mercados? La cumbre de Londres parece más un castillo de naipes para contentar a todos los participantes que un verdadero diseño de la salida a la crisis.
Los líderes mundiales acuerdan una limpieza del sistema financiero y mecanismos de control. Los organismos multilaterales recibirán un billón de dólares para impulsar la economía mundial. ¿Servirá esto para curar al enfermo? Aunque lo vendan como un nuevo Plan Marshall, los que padecen a causa de la economía harían mal en hacerse ilusiones. Las políticas anunciadas siguen sin restañar las estructuras bancarias internacionales y sólo prolongan la sensación de que la ortodoxia económica ha quedado suspendida en un congelador a la espera de que escampe la tormenta financiera por sí misma.
Esta orgía de abrazos y fotos en Londres parece reflejar demasiada felicidad por los acuerdos alcanzados en la cumbre del G-20, por países desarrollados y emergentes, al fijarse en Londres, Inglaterra, lo que han llamado las bases de un nuevo orden financiero y un fondo por 1,1 billones de dólares para enfrentar la crisis financiera global.
Uno de los protagonistas de la cumbre de Londres ha sido el FMI, que este año cumple 65 años y su relevancia mundial está en entredicho por el control que ejercen sobre él Estados Unidos y Europa, dejando sin margen de decisión a las potencias emergentes y los países en desarrollo.
El FMI reforzado deberá ahora suministrar liquidez a las economías más deprimidas, al borde del desplome. También colaborará con el Consejo de Estabilidad Financiera para alertar de los síntomas de inestabilidad en los mercados mundiales, a fin de prevenir con mayor antelación crisis como la actual.
El G-20 decidió destinar 250.000 millones de dólares para relanzar el comercio mundial y las exportaciones, más del doble de lo previsto, mientras que otros 100.000 millones más, en forma de créditos adicionales a cargo de bancos multilaterales, para financiar a los países más pobres.
Gordon Brown no obtuvo los estímulos fiscales que pedía, junto a Obama, pero prefirió subrayar el esfuerzo hecho para emprender "una expansión fiscal sin precedentes y concertada", que aportarán a la economía cinco billones y elevará la producción en un 4%, según sus alegres pronósticos.
La reforma más radical acordada en la cumbre de Londres fue sin duda la de los sistemas de regulación y vigilancia del sistema financiero internacional. Alemania y Francia habían exigido medidas tajantes para crear un nuevo marco de funcionamiento global a fin de evitar el fraude y los excesos. En el futuro habrá una mayor supervisión de los hedge funds, los fondos especulativos, así como de las agencias de calificación de riesgo, "para impedir conflictos de intereses inaceptables", señala el comunicado final. También se establecerán nuevas reglas para las pagas de los directivos bancarios, que han provocado grandes escándalos. Se aprobó un enfoque común a la limpieza de los "activos tóxicos" y se mostraron decididos a terminar con el secreto bancario.
Esta cumbre también deja perdedores. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, y la canciller alemana, Ángela Merkel, que no lograron la creación de una poderosa agencia reguladora del sistema financiero. Su apuesta levantó demasiada ampolla como para tenerla como una alternativa. Aceptarla hubiera sido reconocer las barbaridades del capitalismo y ello no contaba como objetivo de la cumbre. Aún así, no caben dudas de que las acciones contra los paraísos fiscales y la regulación de los fondos de inversión van en ese sentido.
Al final, mucho ruido y pocas nueces y se perdió la oportunidad de realizar cambios de fondo y no de forma. Se le da un refinado maquillaje al capitalismo, sistema que nos llevó por si mismo a las desigualdades que el mundo tiene hoy. Faltó valor para reconocer que el mercado por si mismo es un fracaso y que se debe mirar más allá del deseo de ganancia de los que más tienen, a costillas de los desposeídos.
Ojala que al apretarle las tuercas a los paraísos fiscales, se encuentre todo el dinero que se ha desaparecido y que es de una magnitud tal, que será imposible de ocultar. Espero eso si, que cuando los nombres de los evasores comiencen a aflorar, sean capaces los líderes mundiales, de utilizar la ocasión para enterrar un sistema que ya demostró, es irresponsable al asumir sus faltas y acude de manera aberrante a solicitarle a sus afectados que lo salve, para volver a la carga y continuar su arrogante camino. Una cumbre, sin altura.

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